En Baz Luhrmann se combinan el kitsch, la cinefilia, la pasión retro, la cruza de géneros, la grandilocuencia, la música...
Australia es un maravilloso relato épico que bebe de las fuentes del cine clásico para actualizarlo desde las políticas contemporáneas por los pueblos originarios y con una toma de conciencia sobre los conflictos raciales que, en general, el cine clásico dejaba de lado.
En Australia, Sarah Ashley (Mrs. Boss), una inglesa, va a Australia a buscar a su marido en la finca que ellos poseen. Al llegar, su marido ha muerto y debe quedarse a defender la tierra y a sus habitantes: aborígenes y mestizos que sufren la persecución del poder dominante.
La película se divide en varias citas: arranca como una comedia de Frank Capra al estilo de It happened one night, la divertida comedia con Clark Gable y Claudette Colbert (ya citada en otra película anterior de Nicole Kidman, Un horizonte lejano). Dos personajes opuestos tienen que convivir hasta llegar a un lugar. Cuando llegan, aparece algo de aquella maravillos película con Elizabeth Taylor, Rock Hudson y James Dean, Gigante, que comienza con una premisa similar. En la segunda parte, siguiendo la premisa de Red River, de Howerd Hawks, deben llevar 1500 cabezas de ganado al puerto de Darwin para vencer al monopolio de los poderosos.
Una vez concluida esta parte, la película se centra en la relación entre Sarah y Drover y el niño mestizo, quien, como Dorothy en El mago de Oz, está viviendo su camino de maduración...
Una idea hermosa que recorre toda la película es la convivencia del mundo racional y del mundo mágico: según Luhrmann, Australia es una tierra mixta donde ambas esferas coexisten. Por eso, Australia, es la épica de una posibilidad perdida por la humanidad: la de la convivencia entre las creencias primitivas y las de las formas violentas de la cultura blanca, más protestante y colonizadora.
Se puede criticar un esquematismo en los personajes malvados y hasta un cierto manierismo que es parte del exceso del director. Pero, sin duda, Australia es un acto de amor al cine y una película pensada para el espectador de cine.
Tal vez a Hollywood no le gustó demasiado porque no hace ni la más mínima referencia a la cultura norteamericana. Sin embargo, la sustitución metafórica de un país por otro podría hacerse y funcionaría de igual manera ya que la premisa es universal.
Los actores están impresionantes, Nicole y Hugh hacen arder la pantalla y entregan actuaciones modernas y plenas de autoconciencia y humor.
No dejen de ir al cine a verla. Es una experiencia que vale la pena vivir.