Mente criminal (una digresión sobre Dostoievski y Highsmith)

Tras los pasos de Ripley marca un giro absoluto en la dirección habitual de las novelas del personaje. Frank Pierson, un joven hijo de un multimillonario fallecido en un extraño accidente, se aparece en la vida del gran Tom Ripley y lo lleva en un viaje por algunas ciudades de Europa... Es difícil contar la novela sin adelantar el final, cosa que no voy a hacer.
Sin embargo, sí quisiera desarrollar lo que creo está en el corazón de las novelas de Ripley y en esta en particular.
Dostoievski escribió una famosa novela llamada Crimen y castigo en la que un personaje llamado Raskolnikov mata a una anciana. La policía sospecha de él pero no tiene pruebas para culparlo. El personaje anda suelto, rumiando con su propia conciencia las consecuencias del crimen hasta que finalmente se entrega. Para Dostoievski, el criminal carga con el peso de su crimen en la conciencia y el castigo está en el mismo crimen.
Highsmith parece refutar cada vez que puede este paradigma. Ella adora la mente de los criminales y ubica al espectador en su conciencia, poniéndolo del lado del crimen. Ripley, quien siente apenas culpa por el primer crimen que cometió y por ninguno más, es lo opuesto a Raskolnikov y su filosofía del crimen es opuesta. Si la gente que muere merece la muerte, pues entonces no hay que sentir culpa. Frank, el joven de esta novela, carga con una culpa criminal. Ripley trata de convencerlo y de ayudarlo a limpiarse de esa culpa. Si lo logra o no, ésa es la cuestión de la novela completa.
Highsmith ama la mente criminal y siente apenas una cierta piedad por el ser humano en general. Mientras que Dostoievski confía en la culpa como elemento corrector de la conciencia para poder castigar los crímenes, Highsmith prefiere lo contrario. Sin culpa, no hay castigo. Por lo tanto, todo crimen puede encubrirse. Lo importante es que quien lo cometa pueda olvidarlo y vivir sin el castigo de la conciencia.