Murakami, Lost y Star Trek: otros mundos

Primera expansión: Murakami
Lo de Murakami es realmente fuera de lo común. Suelo ser bastante exagerado con las cosas que me gustan pero pocas veces me animo a decir lo siguiente: Kafka en la orilla es una de las mejores novelas que leí en mi vida, cerquita de Anna Karenina de Tolstoi (a pesar de que no se parecen en nada). Murakami escribe un mundo puramente literario, un mundo que existe en la literatura y que no tiene sentido fuera de ella. En principio, que el libro haya sido escrito por un japonés exige una primera dificultad: encontrar desde la mirada de Occidente un acceso a ese mundo de Oriente. Murakami lo logra con mínimos recursos: un joven emprende un viaje, unos papeles secretos nos cuentan un incidente terrible ocurrido en las montañas, un anciano discapacitado a consecuencia del incidente... Apenas uno conoce a los personajes ya se preocupa por su destino. Pero a partir de los personajes, Murakami empieza a ampliar el campo de batalla de la imaginación al pedir "ampliaciones" de verosimilitud. Si, en principio, el realismo era la puerta de acceso (hay papeles militares que llevan esa impronta), el fantástico rige el camino principal. Sin embargo, no me gusta pensar a Murakami como un escritor de literatura fantástico ya que esa sería la manera más simplista de reducir sus preocupaciones metafísicas, o tal vez no reducir, encasillarlas. Recuerdo lo que me había llevado a leer todo el largo camino de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo: el personaje perdía primero a su gato, luego a su esposa, se encontraba con una especia de vidente natural y así iba hasta la segunda guerra y sus consecuencia. Murakami explora el inconsciente japonés de la postguerra a la vez que describe el daño de la guerra. Y, sin embargo, mientras uno lee, pasa algo tan mágico como inesperado: el libro empieza a dialogar con la vida cotidiana de uno mientras lo lee y empieza a arrastrar coincidencias hacia la tormenta metafísica que propone el libro. El libro y la vida del lector se mezclan en la lectura y uno siente que la realidad fuera del libro tiene más sentido porque el libro revela su profundidad.
No diría que Murakami es fantástico sino que amplía nuestra conciencia hacia los territorios del sueño, de la duermevela, de la vida onírica y los integra con los territorios de la vigilia. Nuestra realidad son varios planos que se cruzan, se empujan, se acercan... No hay afuera ni adentro, ni realismo ni fantástico, ni vigilia ni sueño. Hay todo al mismo tiempo.
Segunda expansión: Lost
Desde su primera temporada la serie ha apostado a expandir el contrato de verosimilitud con el espectador: primero había "elementos sobrenaturales", luego había una escotilla, luego gente del otro lado, luego un country en medio de la isla, luego saltos en el tiempo... Y uno como espectador iba aceptando las expansiones de la credibilidad y se dejaba atrapar por el juego.
Ayer vi el último capítulo de la penúltima temporada de Lost y debo decir que estamos frente a una de las series más atrevidas de la historia de la televisión. Cada temporada eleva la apuesta de la anterior y la lleva a nuevas dimensiones simbólicas, filosóficas y, también, metafísicas.
Lost y Murakami representan como ficciones algo similar: cuestionan el establecido lugar del lector/espectador y ponen a prueba la suspensión de la incredulidad que requiere el disfrute de cualquier relato.
Por eso Star Trek queda chico. Porque comienza con la expansión ya resuelta y no la lleva más lejos. La película es un largo compendio para que la saga tenga nuevos seguidores pero no eleva la apuesta ni da de nuevo. Simplifica y explica para los nuevos espectadores. Está bien hecho, tiene una imagen y un sonido fuera de serie pero no interpela nuestro modo de ver el cine. Como sí lo hace Murakami en la literatura y Lost en la televisión. Después de haberlos disfrutado, uno siente que algo cambió en uno, que ha tenido que experimentar estas expansiones. Y una vez que el horizonte se ensancha, se desata una tormenta metafísica que no se puede detener.