Ayer fuimos a un lago, Lost Lake, uno de esos lagos que uno ha visto en las películas, con plataformas donde la gente salta y toma sol, como en El príncipe de las mareas.
Pensé que iba a estar helado... Es un lago en Canadá así que asumí que el agua estaría helada. Pero me equivoqué.
Y me tiré al agua y nadé de una plataforma a otra, desde la familiar, a una más aislada, a una plataforma nudista.
Es hermosa la sensación de nadar en un lago, rodeado de pinos, de montañas, de cielo, de nubes. La situación esconde un cierto suspenso también. Como no se ve el fondo, la sensación de que una criatura de otro mundo puede tomarte y empujarte hacia lo profundo se transforma en un miedo pequeño pero presente, inquietante.
De noche salí a caminar. Había luna llena. Se veía anaranajada y enorme. Es por los incendios, me dijeron. Hay miles de hectáreas de bosques ardiendo por la sequía, los rayos y los vientos.
Rodeado de tanta naturaleza uno se siente muy pequeño.