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SANTIAGO GIRALT Y LUCIANO CASTRO HABLAN DE TODA LA GENTE SOLA, LA PELÍCULA QUE FILMARON EN VENADO TUERTO Y SE ESTRENA EL JUEVESEl director, el chongo y las vecinas excitadas del pueblo
A la espera de que el chico de los 27 puntos de rating cada noche en Valientes en canal Trece se libere, y parado detrás de ese cerco de celebridad, Giralt comenta: “Tuve mucha suerte, ¿no? Estrenar con un actor que está en un momento tan tan tan caliente, es ser afortunado. Pensá que yo le llevé el guión hace seis años”. Toda la gente sola, ópera prima de Giralt como director solista –antes codirigió la “película-manifiesto” UPA! y Las hermanas L– transcurre en Venado Tuerto –ciudad natal del director– y narra las historias de seis personajes ligados entre sí, que se sienten paralizados emocionalmente pero que buscan revertirlo. Una madre sobreprotectora ultracatólica atrapada en el recuerdo de una relación que ya no existe (Mónica Villa), un pastor evangelista que está más desesperado que sus propios fieles (Alejandro Urdapilleta), un adolescente atormentado por su cuerpo y por sus impulsos sexuales hacia otros hombres (Elías Viñoles), la esposa de un concejal frustrada y aburrida de su matrimonio (Erica Rivas), la chica romántica y tímida que sueña con el amor del chico más lindo del pueblo (Lola Berthet) y el chico más lindo del pueblo del que todas están enamoradas (Luciano Castro). “Yo siempre pensaba que en ópera prima no hay que meter todo, y al final metí todo pero de una manera sintética”, se excusa Giralt. –¿Qué significa que hayas metido todo? –Quería que estuviera el Venado de mi infancia, que no sé si es el de ahora, el que durante la filmación quedó en el medio del piquete de la soja, pero es el que me acuerdo y el que filmé. Quería que estuvieran esas mujeres que tanto me han marcado en mi vida: mi madre, mi tía, mis hermanas; que estuviera lo que pienso de la formación católica que tuve, que ahora ya no es una creencia sino una gran representación. –¿Por qué pensabas que tu mundo particular podía ser una película? –Yo sentía que lo especial son las conexiones que tiene una ciudad de provincia: todo está conectado con una tela invisible pero poderosísima. A mí me gustan las películas de actores, de muchas historias. Pienso en Magnolia o incluso en Esperando la carroza, que si bien tiene un conflicto central, todos los personajes son protagónicos. Además, si hacía una película sobre un personaje solo, iba a ser una película triste y solitaria, si hacía una película sobre mucha gente sola pero que se conecta con los demás, esa soledad se pone en tensión con el otro. Uno de los esos es Luciano Castro, que todavía con la campera puesta, pero ya liberado de los micrófonos acosadores, se tira en el sillón junto a Giralt y le da un abrazo de oso. –¿Por qué elegiste a Luciano para el personaje? –Giralt: Porque cuando escribí el guión, estaba pensando en la pareja de Brendan Fraser y Cristina Ricci –Castro se ríe, se tapa la cara; Santiago Giralt sigue– ¡Lo digo de verdad! Y me pregunté: ¿Quiénes son estas personas que para mí, como espectador, podrían representar a esta pareja? Y eran él y Lola (Berthet). Al poco tiempo los veo juntos en Los Roldán y me agarra desesperación, así que una noche me fui a buscarlo a Luciano al teatro, donde estaba haciendo una obra, y le llevé el guión. Castro: –Me acuerdo, vino con el guión en la mano y me dijo todo esto que te dijo a vos. –¿Y le creíste la parte de Brendan Fraser? C: –Yo le creo todo lo que me dice (mirada cómplice). Además, es muy poca la gente que viene y te dice ‘escribí esto para vos’. –¿Ya te habían ofrecido hacer algo en cine? C: –No, nunca, no me convocaban. Pero tampoco me moría porque lo desconocía y a mí siempre me fascinó el teatro y a eso me dediqué, y a la tele, claro. Pero ahora que lo conocí, sé que prefiero hacer una toma 25 veces y saber que puedo mejorar, y no como en la tele que hay que ir para adelante, como sea. Ojo que también hay que saber manejar el vértigo de la tele. –¿No era un riesgo trabajar con alguien que nunca había hecho cine? G: –Para nada, lo había visto en el teatro y me parecía que él comunicaba una cosa increíble frente al público, además a mí lo que me llama de él como actor... C: –Que actúo… G: (Risas) –Es que yo en la primera toma espero la idea del actor, y las que él tenía me parecían de un color y de una precisión absoluta. ¡Se sabía el guión de memoria, de principio a fin, todos los personajes! –¿Todo de memoria? ¿Sos un poco obsesivo? C: –Es que no me sobra nada, así que tengo que ser obse. Hubo dos versiones del guión, y el primero yo lo tenía desde 2004, las hojas estaban destrozadas. Además, estaba súper ansioso y empecé a consultar con actores de cine para que me enseñaran. Todo venía bárbaro hasta que vi el elenco… –¿Y te dio miedo? C: –No, no me da miedo nada a mí, al contrario, me agrando. Pero al ver el elenco tenía que estar más preparado, más atento, así que me lo aprendí todo. Pero lo paradójico es que llegué el primer día y no podía filmar. –¿Por qué? C: –Venía del festival de tele de Cannes por Lalola, me bajé en Ezeiza, me subí a la camioneta y manejé hasta Venado Tuerto. Y llegué allá y él me dice: “Bueno, tirate un ratito que filmamos a la noche”. Y cuando me desperté estaba desfigurado, hinchado como un sapo, y Santi me mira, se va, y al rato vuelve y me dice “Mirá, hoy lo tuyo no lo vamos a hacer” (carcajadas conjuntas). –Da la sensación de que se divirtieron, chicos... G: –Es que Luciano en rodaje se sienta y toma mate con todos, y a pesar de que es súper popular, no genera esa distancia que sí generan otros en su misma situación. –En Venado deberías ser una megaestrella. C: –No, qué patético. Yo iba al supermercado, hacía vida común... –Y las chicas morían, como en la película. C: –Sí, pero nosotros no podríamos haber filmado acá como filmamos en Venado, que había medio pueblo atrás de la cinta, todos en silencio y tan flasheados como yo, que también me paraba atrás para mirar todo. Ahí entendí a Erica o Lola cuando me decían que el cine era guauuuu. –¿Y te gustó verte? C: –Seeee (risas). Vi ocho veces la película, una con ellos y las demás con el correr de los días, quería lograr verla como espectador en algún momento, tomar distancia, y ahí es donde me quedé tranquilo. –En la película sos algo así como el chongo que todos quisieran tener, chicas, chicos, el director... C: –¡Fui el chongo de Venado durante 25 días! –Además, hay una mirada homoerótica que atraviesa toda la película. G: –¡Eso me sale! Imaginate que tengo esos bombones delante de cámara, y yo me inspiro. Era parte de mi fiesta de los sentidos. Siento que lo homoerótico es un elemento particular muy sutil de la mirada porque me seduce mucho ver a las actrices súper lookeadas y a los chicos ahí, haciendo sus cositas, queda muy sexy. C: –Igual yo soy muy pudoroso con mi cuerpo, no me gusta mucho, y sí, vos me podés decir: “Pero hijo de puta, estás laburando de galán, debería ser todo lo contrario”. Por suerte, cuando él planteaba algo corporal, tenía sentido y no me preocupaba –léase Luciano Castro en el gimnasio, Luciano Castro en la cama con Erica Rivas diciéndole “cuánto músculo que tenés”, Luciano Castro manguereando un auto en un lavadero. G: –¡Ay! ¡A mí me gustó un montón la escena en la que todas las mujeres giran alrededor de él, y él jugando con todas las chicas... C: –¡Me encanta jugar con chicas! G: –¡Y tenías tres!¡Tres chusmas de pueblo! –¿Y que le aportaste al personaje? –Que sea medio parco al hablar, muy medido en lo gestual, que no diga mucho pero que te lo imagines. “No me lo puedo sacar de la cabeza” Santiago Giralt adaptó el cuento “Perla”, de Manuel Puig, Giralt: –Es que, a pesar de él, no me lo puedo sacar de la cabeza. Castro: –Me siento muy querido, gracias. –¿Podemos decir que se va a convertir en tu actor fetiche? Giralt: –Para ser sincero, lo que me pasa con Luciano, y por eso lo volví a elegir, es que quiero explorar su parte juguetona, su aprendizaje de galán, pero utilizado desde el berreta de pueblo. Pienso en George Clooney, en las películas de los hermanos Coen. Y sí, a mí me gusta trabajar con actores que traspasan la pantalla, y creo que Luciano realmente traspasa la pantalla, y yo no me lo quiero perder. |
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