Anoche, luego de varias semanas de prejuicios, me decidí a ver Slumdog Millionaire después de la ferviente recomendación de varios amigos. Y debo decir que se los agradezco.
Es injusto juzgar una película por lo que pasó con ella (arrasar con todos los premios habidos y por haber) sin medir los riesgos que la película tenía cuando era una idea sobre el papel.
Un guión brillante con la estructura de un programa de preguntas y respuestas, llevado adelante por una historia de hermanos y una historia de amor... Como la resumió Eva Bär, un cuento de hadas moderno, clipero e intenso, con una banda de sonido extraordinaria y una puesta en escena en constante búsqueda de efecto...
Llena de ideas, de giros y de situaciones, la película es una sorpresa positiva.
Dividida en secuencias con una lógica dramática de episodios, como las aventuras de otro famoso huérfano llamado Oliver Twist, la película combina un suspenso general (si Jamal gana el juego o no y si consige el amor de Latika) y situaciones breves de peligro y persecución.
Vital, fresca, lanzada... La película era un riesgo en los papeles, pero estaba escrito que sería un gran éxito en los cines. En algún momento, los directivos de Warner y Fox Searchlight decidieron poner toda la campaña de los Oscars en una película donde no hay un actor norteamericano y con un equipo británico. ¿Será una especie de castigo a la propia industria o un mea culpa de los trabajadores del cine norteamericano por sus propios fiascos?
No lo sé. Pero Slumdog vale la pena ser vista.